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Rincón

Un momento

Hoy quedé muy triste, profundamente. Me dio mucha pena esa imagen pisoteada de esa primera vez maloliente a cambio de ser vista. Me dio mucha angustia la angustia de la María Luisa (1): verla ahogada en alcohol para ahogar su monólogo, porque no la vieron (al menos no como ella quería). Tuve muchas ganas de ovillarme y apagar la mente y el alma… también quise la página limpia para botar mi monólogo. El que empezó desde que tengo memoria, en un archivador verde con poesías y rayas de cabra chica y que mi mamá botó a la basura en algún cambio de casa. A nadie le importó. Me dio tanta pena cuando vi que el camión se iba, vacío: ya no quedaba ninguna opción de encontrar ese archivador. Tenía 18 años y “come on, get over it”… right, over it. Atropellada: all over me.

Esta pena que tengo es de esas que duelen adentro, tan adentro, que uno cree que se va a partir en dos. Y me rebelo a quedarme adolorida: la imagen de “pobrecita yo” me rebela, me dan ganas de remecerme, de… eso, de remecerme.

Me siento enjaulada, prisionera pero a pesar de eso, lo prefiero a la sensación de “tener-el-mundo-por-delante-para-hacer-lo-que-quiera”. Lo que quiero, suele ser erróneo, hiriendo a personas que me importan. Seguir leyendo »

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Todas, menos yo

Todas, menos yo

Abril 1990/Julio 2004

Y despierto y descubro que estás mudo. Y no me entristezco, ni me asombro; ni siquiera enloquezco.

Excitada, sintiendo la adrenalina en mis venas, salto de la cama, abro las cortinas y coqueta (sí, muy coqueta) te sonrío. Estás paralizado. Y mudo.

Me visto y salgo a comprar sedas, encajes, satines, blondas y rasos: negros, blancos, rojos, verdes. Terminadas mis compras, decido hacer hora en un cine, porque en realidad quiero volver cuando ya haya anochecido; quiero que todo sea perfecto.

Ya de vuelta te descubro casi igual que en la mañana: aún en cama. Y mudo. Lanzo una carcajada. Tus ojos, secundados por tus profundas ojeras, me siguen. Sé que estás pensando si no será todo un mal sueño, producto de una nueva noche trasnochada. Y entonces te respondo: sí, es mi sueño.

Me encierro en el baño buscando inmortalidad: quiero verme hermosa como Ingrid Bergmann, seductora como Marilyn y enigmática como la Garbo. Ser todas, menos yo. Y grito: ¡muera la franela, viva el encaje! Seguir leyendo »

María Luisa Bombal — 1910 – 1980

La dicha de escribir, la desdicha de vivir…*

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Querida María Luisa,

La primera vez que leí esta declaración* no la entendí, y como la generalidad de la gente, pensé que era otra de tus excentricidades; otra de las cosas que te ponían en la vereda del frente de lo que la mayoría llama “normalidad”. Después de leerte cientos de veces –tanto tu obra como tu vida- y de vivenciar personalmente esta dualidad de la dicha y la desdicha, he logrado comprender que crear va casi siempre aparejado con “el salirse de la norma”. Sin embargo, en mis diferentes terapias, una y otra vez repito el no querer ir de “rara” por la vida. ¿Por qué? Porque si buscamos sinónimos encontramos palabras como: anómala, ilógica, incongruente, extravagante, caprichosa, ida, extraña, difícil, inexplicable… ring a bell? La última vez que lo dije, me respondieron: ¿por qué no aceptas que en vez de rara… eres especial? Y repetí el ejercicio de los sinónimos: personal, inconfundible, original, única, asombrosa, individual… ring a bell? Sí María Luisa, las dos entendemos: el lado A y el lado B, ambos adentro del mismo cuerpo, la misma mente, la misma alma, la misma dicha y la misma desdicha. Seguir leyendo »

Lost inWords

Espero este espacio se transforme en mi ultima mortaja, liberandome de los personajes, las palabras, las historias…