María Luisa Bombal — 1910 – 1980
La dicha de escribir, la desdicha de vivir…*
Querida María Luisa,
La primera vez que leí esta declaración* no la entendí, y como la generalidad de la gente, pensé que era otra de tus excentricidades; otra de las cosas que te ponían en la vereda del frente de lo que la mayoría llama “normalidad”. Después de leerte cientos de veces –tanto tu obra como tu vida- y de vivenciar personalmente esta dualidad de la dicha y la desdicha, he logrado comprender que crear va casi siempre aparejado con “el salirse de la norma”. Sin embargo, en mis diferentes terapias, una y otra vez repito el no querer ir de “rara” por la vida. ¿Por qué? Porque si buscamos sinónimos encontramos palabras como: anómala, ilógica, incongruente, extravagante, caprichosa, ida, extraña, difícil, inexplicable… ring a bell? La última vez que lo dije, me respondieron: ¿por qué no aceptas que en vez de rara… eres especial? Y repetí el ejercicio de los sinónimos: personal, inconfundible, original, única, asombrosa, individual… ring a bell? Sí María Luisa, las dos entendemos: el lado A y el lado B, ambos adentro del mismo cuerpo, la misma mente, la misma alma, la misma dicha y la misma desdicha.
El primer texto tuyo que cayó en mis manos fue La Amortajada. Recuerdo que tenía 13 o 14 años, había ido durante el recreo a la biblioteca y camino a la sala de clases comencé la lectura. Me senté y no podía dejar de leer: siempre que cuento esto digo “la María Luisa me despelucó” y lo que quiero decir es que sentí como que me abrían la cabeza, entraba mucho viento y muchas cosas comenzaban a hacerme sentido: desde ese primer archivador verde en el que guardé mis primeras poesías y cuentos, hasta la necesidad de encontrar en los libros respuestas a las tantas inquietudes que se quedaban sin respuesta en mi corazón y mi mente. Mi encuentro con tu Amortajada fue la primera ocasión en que intuí que mi esencia estaba ligada a mi capacidad de plasmar a través del lenguaje y la palabra lo que pasaba adentro de mi mente y mi alma. Por eso, cuando leí una entrevista a la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2007, Doris Lessing, me sentí segura que aquella sensación de tantos años no era errada: “la vida del escritor pasa adentro de su cabeza”. Claro, porque ambas ya sabemos que la vida del escritor no es su vida, es del personaje que escribe, ¿cierto?
La imagen que me identifica en esta comunidad tiene su origen en estas palabras tuyas en La Amortajada:
“… ella no ignora que la masa sombría de una cabellera desplegada presta a toda mujer extendida y durmiendo un ceño de misterio, un perturbador encanto.
Y de golpe se siente sin una sola arruga, pálida y bella como nunca.”
Igual cosa sucede con el nombre elegido para mi blog y que emigra de tu obra: amortajada. Es mi humilde tributo… pero también es mi forma de decirte que te entiendo, porque muchas veces en el proceso dual de vivir/crear me siento amortajada: es decir, y de acuerdo con la Real Academia, cubierta, envuelta, escondida. Cuando vivo, cubro, envuelvo y escondo mis palabras; cuando escribo, me cubro, me envuelvo y me escondo de la vida. El título de mi obra –Cuentos Amortajados- apela a lo mismo, principalmente, porque han estado cubiertos, envueltos y escondidos gran parte de mi vida.
Muchos se han preguntado, especulado y explicado de manera antojadiza, aunque “políticamente correcta”, tu silencio despues de El Arbol: desde el alcohol (lo más fácil), pasando por ser desadaptada, estrafalaria o alguien que ya no tenía más que decir. Pero yo sé que las palabras de tu personaje de escritora carcomieron el alma de tu vida; y también sé que los vacíos y errores de tu vida dejaron sin palabras a la escritora. Quedaste paralizada, te amortajaste y todo quedó cubierto, envuelto y escondido, entre la niebla y el árbol.
Quiero decirte que te admiro profundamente. A tí, como una mujer única, fuerte y hermosa. Y también quiero que sepas que tus textos son los que me iluminaron en el momento de entender por qué Dios me había enviado al mundo. Pienso en ti casi a diario.
Con mucho respeto,
M.